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marzo 12, 2018
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marzo 13, 2018

Hay una casa pequeña en una montaña de Mahoma, en Rancho Arriba donde las avispas flotan fuera de su nido haciendo un sonido grueso, como si frotaran sus alas contra miel esparcida en el aire. Así la alegría.Yo estoy dentro, tratando de moverme a colar café cuando me doy cuenta de que está sucia la greca.Tengo un par de horas tratando de mover una antena para ver la televisión. He pelado cables, he colgado perchas. Y nada.Estoy distraído en esta constante idea de que el corazón es un proyecto, que la idea es aprender a sostener desesperación y esperanza en el mismo lugar,que no hay que mirar las heridas que nos hicimos cuando nos dijimos que salimos ilesos solo porque los demás no podían ver,que tenemos algo de alguien dentro de la piel,que en este mundo hay que desear todo y nada al mismo tiempoy aprender a contenerlo en un cuerpo,aprender a lavarlo,a descansarlo,a alimentarlo,otorgarle un nombre al deseo,saber de dónde viene,y sobre todo hablarle,todos los días,todo el día,cada día.Decirle: “esto es todo lo que vas a conseguir en la vida” y luego decirle “ve por más” y luego “Déjalo ir, fluye”……San José de Ocoa, 2011.

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